Desastre en Nepal y el Tíbet: primero los hechos, luego el veredicto climático

¿Qué causó el devastador desastre glaciar en Nepal y el Tíbet, y qué papel desempeñó el cambio climático? Los colapsos de glaciares y las inundaciones repentinas provocadas por estos eventos muestran que este peligro de montaña existe desde hace siglos. El crecimiento de la población, el desarrollo y la vulnerabilidad también determinan la magnitud de un desastre.

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Zona del desastre glaciar cerca de Langtang Lirung, Nepal

La zona del desastre alrededor de Langtang Lirung el 26 de agosto de 2026. (Imagen: Landsat 9/USGS, dominio público)

Clintel Foundation
29 de agosto de 2026

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Las imágenes de Nepal y el Tíbet son casi imposibles de asimilar. Una masa furiosa de agua, lodo, hielo y rocas arrasó con personas, viviendas, carreteras y puentes. Cientos de personas murieron y muchas siguen desaparecidas. Comunidades enteras han quedado devastadas. Antes de decir cualquier otra cosa, por lo tanto, debe reconocerse que se trata de una terrible tragedia humana.

Precisamente porque el desastre es tan grave, informar sobre él requiere cautela. Sin embargo, el cambio climático fue invocado como explicación apenas unas horas después. The Guardian publicó como titular «La crisis climática podría estar desestabilizando zonas montañosas como Nepal», mientras que CNN situó inmediatamente el acontecimiento en un contexto climático. El profesor e investigador de desastres Roger Pielke Jr. compartió el segmento de CNN con una pregunta contundente: ¿qué pasó con informar primero sobre las noticias antes de sacar conclusiones?

¿Qué sabemos hasta ahora?

Las imágenes satelitales y las reconstrucciones iniciales indican que una enorme masa de hielo y roca se desprendió a gran altura en la región fronteriza. Cayó desde una gran altura, arrastró sedimentos y agua y se transformó en un flujo de detritos excepcionalmente rápido. La señal sísmica registrada fue interpretada inicialmente como un terremoto, pero casi con toda seguridad fue generada por el propio desprendimiento.

La secuencia exacta de los acontecimientos todavía se está reconstruyendo. No hay evidencia de que el evento haya comenzado con el colapso de un lago glaciar preexistente. Tampoco se ha establecido por qué la masa de hielo y roca se volvió inestable precisamente en ese momento, ni qué papel desempeñaron la geología local, la dinámica del glaciar, la presión del agua, la nieve, la temperatura y las precipitaciones. El especialista en deslizamientos de tierra Dave Petley escribió al día siguiente que un equipo internacional acababa de comenzar la investigación.

El meteorólogo Chris Martz, el firmante número 2.000 de la World Climate Declaration de Clintel, planteó la postura científica adecuada: muchas preguntas siguen sin respuesta y un análisis riguroso requerirá como mínimo varias semanas, no uno o dos días. En un breve video, Lucy Biggers muestra cómo el debate en internet pasó rápidamente de la tragedia a la búsqueda de culpables políticos, mientras que el contexto histórico y la capacidad de resiliencia quedaron relegados.

Un peligro de montaña de siglos de antigüedad

Las avalanchas de hielo y roca, los desprendimientos de glaciares, los diques naturales de los ríos y las inundaciones glaciares repentinas no son fenómenos nuevos. En algunos casos, un glaciar o una masa de roca y hielo se desprendió y colapsó; en otros, cedió un dique natural formado por hielo o morrena. Esto último se denomina inundación por desbordamiento repentino de un lago glaciar (GLOF, por sus siglas en inglés): una inundación repentina que ocurre cuando un lago represado por hielo glaciar o por sedimentos de morrena se vacía rápidamente.

Los ejemplos que aparecen a continuación no pretenden constituir un inventario completo a nivel mundial. Cada uno cumple al menos uno de estos tres criterios: es antiguo y está bien documentado, ocurrió en el Tíbet o en el Himalaya, o involucró una cadena de eventos similar de hielo o roca, bloqueo de ríos, flujo de detritos y graves daños aguas abajo.

Los baños termales de Saint-Gervais después del desastre de Tête Rousse de 1892.
Fotógrafo desconocido; dominio público a través de Wikimedia Commons.

Un inventario científico describió alrededor de veinte desprendimientos repentinos de glaciares de gran volumen y concluyó que son poco frecuentes, pero probablemente más comunes de lo que los investigadores creían anteriormente. Sedongpu, en el Tíbet (2018), y Chamoli, en India (2021), también provocaron grandes desastres en cadena.

El firmante de la World Climate Declaration, Jim Steele, señala la actividad geológica excepcionalmente intensa del Himalaya. Las placas tectónicas en colisión continúan elevando la cordillera, los terremotos fracturan las rocas y el hielo glaciar, y las empinadas laderas de Langtang producen avalanchas de forma natural. En 2015, un terremoto provocó una avalancha mortal en el otro lado de Langtang Lirung. Esto no demuestra que el clima no pueda desempeñar ningún papel, pero sí muestra por qué la geología local y la topografía deben investigarse antes de considerar al CO2 como la causa determinante.

El meteorólogo Joe Bastardi también ha recopilado ejemplos de GLOF y de diques naturales creados por deslizamientos de tierra en el Tíbet, Nepal, India y Perú. Su observación histórica más general resulta útil: estos desastres en cadena tienen una larga historia. Sin embargo, no adoptamos su descripción del acontecimiento actual como una «ruptura de un dique», porque las mejores evidencias disponibles actualmente identifican una avalancha de hielo y roca como el evento desencadenante.

¿Más frecuentes o simplemente más observados?

Una acumulación de informes recientes no constituye por sí sola una tendencia fiable. Antes de que existiera una observación satelital continua, muchos fenómenos ocurridos en regiones montañosas remotas quedaban sin registrar. Un desprendimiento glaciar tibetano de aproximadamente 40 millones de m3 ocurrido en 2022, por ejemplo, fue identificado de manera retrospectiva mediante datos satelitales y sísmicos.

No obstante, el calentamiento puede modificar las condiciones. El retroceso de los glaciares, el deshielo del permafrost y el aumento del agua procedente del deshielo pueden desestabilizar localmente las laderas o aumentar la presión del agua bajo el hielo. Pero también intervienen factores como la pendiente, la geología, los sedimentos blandos, las nevadas, la presión del agua, la dinámica glaciar y los terremotos. Los colapsos suelen producirse como consecuencia de una combinación poco frecuente de factores.

En 2019, el IPCC concluyó que las observaciones disponibles sobre laderas, deslizamientos de tierra e inestabilidad de los glaciares en las regiones montañosas altas eran demasiado limitadas para detectar tendencias generales. Al mismo tiempo, proyectó que el retroceso del hielo y la desaparición del permafrost podrían aumentar la inestabilidad en determinados lugares. Ambas afirmaciones pueden ser ciertas. Una proyección futura no constituye una explicación demostrada de este desastre.

Mayores pérdidas no significan necesariamente una naturaleza más extrema

La magnitud de un desastre está determinada por la amenaza, la exposición y la vulnerabilidad. Las poblaciones han crecido, los valles montañosos son utilizados de manera más intensiva y se han construido viviendas, hoteles, carreteras, puentes, instalaciones fronterizas y centrales hidroeléctricas a lo largo de los ríos. Por lo tanto, hay más personas y bienes expuestos a posibles trayectorias de avalanchas y flujos de detritos.

Un enorme desprendimiento en un valle deshabitado puede no causar ninguna muerte y, en épocas anteriores, quizá ni siquiera habría sido registrado. Un evento más pequeño sobre un corredor fluvial desarrollado puede convertirse en un desastre nacional. Por ello, el aumento de las víctimas mortales o de las pérdidas económicas no demuestra por sí mismo que la amenaza natural se haya vuelto más frecuente o intensa.

Investigar primero, proteger a las personas ahora

Investigaciones posteriores podrían demostrar que el calentamiento regional contribuyó a la inestabilidad. La geología local, la presión del agua y la topografía podrían resultar determinantes. Lo más probable es que varios factores hayan interactuado. Por ahora, simplemente no lo sabemos.

Las víctimas merecen compasión y una investigación rigurosa, no un veredicto climático apresurado. Las medidas prácticas no tienen por qué esperar: cartografiar los glaciares y las laderas inestables, vigilarlos mediante satélites y sensores terrestres, instalar sistemas de alerta, preparar planes de evacuación y extremar las precauciones al ubicar nuevos asentamientos e infraestructuras críticas en zonas conocidas de alcance de avalanchas y flujos de detritos. Los objetivos climáticos globales no pueden eliminar este peligro de montaña que existe desde hace siglos. Una adaptación eficaz sí puede salvar vidas.

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By |2026-08-29T16:14:00+02:00August 29, 2026|Comments Off on Desastre en Nepal y el Tíbet: primero los hechos, luego el veredicto climático
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