No, The Washington Post: La “contaminación por carbono” no está haciendo que los alimentos sean menos saludables
El dióxido de carbono no es una toxina para los cultivos, como afirmó recientemente The Washington Post. Demonizarlo como la “fuerza invisible” detrás de la disminución nutricional ignora el panorama general, sostiene Anthony Watts. “The Washington Post ha tomado una modesta disminución estadística de ciertos minerales y la ha inflado hasta convertirla en una crisis planetaria de salud”.
The Washington Post (WaPo) afirma en el artículo “La fuerza invisible que está haciendo que los alimentos sean menos nutritivos” que el aumento de la contaminación por dióxido de carbono está deteriorando constantemente la calidad nutricional de los cultivos, poniendo a miles de millones de personas en riesgo de hambre oculta. Esto es falso. El artículo amplifica pequeños cambios proyectados en las vitaminas y minerales de los alimentos basándose en ejercicios de modelización, mientras minimiza las enormes mejoras en la producción mundial de alimentos, el acceso a la nutrición y la resiliencia agrícola, logradas en parte gracias al aumento del dióxido de carbono atmosférico (CO2).
WaPo presenta al dióxido de carbono como “el culpable invisible detrás de este fenómeno dañino”, argumentando que “las crecientes concentraciones de carbono en la atmósfera” están agotando nutrientes esenciales como el zinc. Ese enfoque ignora una realidad biológica fundamental: las plantas están hechas de carbono. El dióxido de carbono no es contaminación para las plantas; por el contrario, es la materia prima de la fotosíntesis.
Se ha demostrado repetidamente que el enriquecimiento con CO2 estimula el crecimiento vegetal, aumenta la biomasa, mejora la eficiencia en el uso del agua e incrementa el rendimiento de muchos cultivos básicos. Esto no es controversial. Es fisiología vegetal básica. Incluso el propio artículo reconoce que un mayor nivel de dióxido de carbono ayuda a las plantas a producir más carbohidratos y crecer más rápido y más grandes.
Desnutrición
La afirmación central se basa en un metaanálisis que sugiere una disminución promedio de aproximadamente 3,2 % en los nutrientes de los cultivos desde finales de los años 80. Ese es un cambio pequeño, prácticamente dentro del margen normal de variabilidad agrícola. La composición del suelo, el uso de fertilizantes, el riego, la selección de variedades, el momento de la cosecha y el almacenamiento posterior influyen en el contenido nutricional. Una variación de unos pocos puntos porcentuales a lo largo de décadas no representa un apocalipsis nutricional ni provocará hambre o desnutrición.
Mientras tanto, la producción mundial de alimentos se ha disparado. Los rendimientos de granos por hectárea han aumentado drásticamente desde los años 60. Véase el gráfico a continuación:
La disponibilidad calórica per cápita a nivel mundial ha aumentado. El número de personas que sufren una deficiencia calórica severa ha disminuido significativamente en relación con el crecimiento de la población mundial. Las poblaciones no pasan de tres mil millones a ocho mil millones de personas en un siglo si el suministro alimentario está colapsando nutricionalmente.
Zinc
WaPo destaca proyecciones según las cuales, para 2040, los garbanzos podrían contener un 17 % de la ingesta diaria recomendada de zinc, en comparación con el 22 % que tenían en 1988. Eso representa una diferencia de cinco puntos porcentuales en una sola porción. Si tal cambio ocurriera, existen múltiples soluciones: consumir un poco más de ese alimento, diversificar la dieta o tomar suplementos. En los países ricos, los alimentos fortificados y los multivitamínicos son comunes. En los países en desarrollo, los programas de fortificación ya abordan las deficiencias de hierro y zinc independientemente de los niveles de CO2. Como alternativa, los cultivos pueden modificarse genéticamente y ya se ha hecho de forma segura para aumentar su contenido de vitaminas y minerales.
Incluso el artículo admite que “las personas en países ricos con sistemas de salud sólidos tendrán muchas herramientas para afrontar el cambio”. Esa admisión debilita el tono apocalíptico del texto.
WaPo también se apoya en proyecciones de un estudio de modelización de 2018 que estima que millones de personas podrían sufrir deficiencias adicionales de zinc o proteínas para 2050. Pero esos resultados son proyecciones construidas sobre supuestos dietéticos, escenarios de emisiones y patrones de consumo fijos. Asumen una adaptación limitada. Asumen dietas estáticas. Asumen ausencia de innovación agrícola. Los modelos no son el destino.
La agricultura es dinámica. Los programas de mejoramiento vegetal ya seleccionan cultivos no solo por rendimiento, sino también por densidad nutricional. Las iniciativas de biofortificación, como los frijoles ricos en hierro o el arroz enriquecido con vitamina A, continúan expandiéndose. Gobiernos y ONG abordan rutinariamente las deficiencias de micronutrientes independientemente del debate climático.
Supuestos
El artículo también afirma que los beneficios del dióxido de carbono son “superados ampliamente por los daños del aumento de las temperaturas”, citando escenarios extremos de calentamiento que podrían reducir los rendimientos en más del 20%. Esa afirmación, basada en supuestos extremos y no verificados, contradice lo que la agronomía demuestra sobre la necesidad y los beneficios de niveles más altos de CO2 para los cultivos. Miles de experimentos de laboratorio y de campo realizados durante décadas muestran que los rendimientos agrícolas deberían seguir aumentando a medida que suben los niveles de CO2, dentro de cualquier rango razonablemente previsible.
En la realidad, la productividad agrícola mundial ha continuado creciendo mientras la Tierra se ha calentado moderadamente durante el último siglo, en parte gracias a mejores condiciones de cultivo derivadas de la reducción de heladas tardías y de mejores condiciones hídricas, casi totalmente asociadas a ese calentamiento y a los mayores niveles de CO2. La innovación tecnológica, el riego mejorado, los fertilizantes sintéticos, el control de plagas y la genética agrícola también han superado constantemente los desafíos ambientales.
Dilución
El “efecto de dilución” descrito en el artículo no es nuevo. Los cultivos más grandes y de crecimiento más rápido suelen distribuir los minerales en una mayor cantidad de biomasa. Eso no significa hambruna. Significa mayores rendimientos con proporciones nutricionales ligeramente alteradas. La nutrición depende de la ingesta total, de la diversidad alimentaria y del acceso a los alimentos, no de pequeñas disminuciones porcentuales de minerales en determinados cultivos considerados de forma aislada.
La estadística más reveladora no es una proyección de cambio mineral del 3%. Es que la esperanza de vida mundial ha aumentado, la mortalidad infantil se ha desplomado y el suministro de alimentos per cápita se ha expandido precisamente durante las décadas en que el CO2 atmosférico aumentó más rápidamente. Todo ello refleja, al menos en parte, un mejor acceso a alimentos más abundantes y nutritivos.
El dióxido de carbono no es una toxina para los cultivos. Es un componente esencial para el crecimiento vegetal. Demonizarlo como la “fuerza invisible” detrás del deterioro nutricional ignora el panorama más amplio de abundancia agrícola y adaptación humana.
The Washington Post ha tomado una modesta disminución estadística de ciertos minerales y la ha exagerado hasta convertirla en una crisis planetaria de salud. Eso no es periodismo equilibrado. Sus lectores merecen algo mejor.
Este artículo fue publicado originalmente en climaterealism.com el 7 de mayo de 2026.

Anthony Watts
Anthony Watts es investigador sénior en temas de medio ambiente y clima en The Heartland Institute. Ha trabajado en el ámbito meteorológico, tanto frente como detrás de cámaras, como meteorólogo televisivo desde 1978 y actualmente realiza pronósticos diarios para radio. También ha desarrollado sistemas de presentación gráfica meteorológica para televisión, instrumentación meteorológica especializada y ha sido coautor de artículos científicos revisados por pares sobre cuestiones climáticas. Además, administra wattsupwiththat.com, el sitio web sobre clima más visitado del mundo y ganador de diversos premios.
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