China altera las cuentas del carbono en 400 millones de toneladas
China nos toma por tontos y nosotros lo celebramos, dice Jo Nova. Casi nadie parece preocuparse de que el mayor emisor del planeta tenga enormes agujeros en sus cifras de CO2.
Un lector de The Wall Street Journal señaló que The Onion ya lo había anticipado hace años:
“China promete comenzar a falsificar agresivamente las cifras de contaminación del aire” (2014).
Vivimos en una época en la que la sátira se ha convertido en noticia.
El Acuerdo de París permite que cada país establezca sus propios objetivos y defina sus propios términos (incluso de forma retrospectiva). Así, China decidió que contabilizaría la “intensidad de carbono” en lugar de las emisiones totales de carbono. Sin embargo, no definió qué entendía por intensidad de carbono. Normalmente, el término se refiere a la cantidad de CO2 emitida por unidad de PIB, lo que beneficiaría a China debido al rápido crecimiento de su economía. Pero parece que está ocurriendo algo más.
Durante los últimos cinco años, China había prometido reducir sus emisiones en un 18 %, pero todas las estadísticas oficiales sugerían que solo había avanzado alrededor de un 12 % hacia ese objetivo. Entonces ocurrió un milagro y, de repente, China pasó a registrar una reducción del 17,7 %, justo a tiempo.
El equipo de Carbon Brief, al que la autora describe como los únicos “ecoguerreros” que realmente se preocupan por el asunto, examinó todos los detalles. Pero incluso siendo lo más generosos posible, no lograron explicar qué ocurrió con 380 millones de toneladas de emisiones.
Para ponerlo en perspectiva, las emisiones anuales totales de Australia fueron de 459 millones de toneladas. Es como si alguien simplemente hubiera dicho “ups” respecto a un volumen equivalente al 80 % de todas las emisiones nacionales australianas.
Así que las reglas son flexibles, y China está aprovechando cada resquicio posible. Según la autora, el Partido Comunista Chino (PCCh) sabe que la ONU no va a presentarse con armas para exigir el cumplimiento de sus compromisos. Pero existe un costo. Todo el proyecto de energías renovables del que China obtiene beneficios parece aún más dudoso, al igual que el propio PCCh. ¿Quién puede confiar en lo que dicen?
China manipula las cuentas de emisiones de carbono
Consejo Editorial de The Wall Street Journal
A diferencia de los radicales verdes de Occidente, China no está dispuesta a sacrificar su economía para cumplir sus promesas climáticas. Pero Pekín tampoco tiene reparos en maquillar sus cifras de carbono para hacer creer a los activistas occidentales que sí lo está haciendo.
En las conferencias climáticas de las Naciones Unidas celebradas en Copenhague (2009) y París (2015), Pekín prometió reducciones significativas en la cantidad de carbono emitida por cada dólar de producto interno bruto, es decir, en su intensidad de carbono. Posteriormente, diversos documentos nacionales de planificación reiteraron ese objetivo.
La contabilidad tradicional sugiere que las emisiones de China crecieron en unos 1.430 millones de toneladas durante los últimos cinco años. Sin embargo, las nuevas cifras de intensidad de carbono implican un aumento de solo 690 millones de toneladas de CO2, lo que crea una discrepancia de 730 millones de toneladas de CO2.
La nueva métrica de carbono de China deja una brecha del tamaño de Alemania en sus emisiones
Por Lauri Myllyvirta, Carbon Brief
Un cambio importante en la forma en que China mide su principal objetivo climático ha reducido, en la práctica, a la mitad el crecimiento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) del país durante los últimos cinco años.
Aquí aparece uno de los trucos contables: solo se contabiliza el carbón quemado para producir energía. No se incluye el carbón transformado en plásticos, asfalto, caucho, productos químicos o fertilizantes.
Una nota al pie en el más reciente comunicado estadístico de China ofrece una breve descripción de la intensidad de carbono, indicando que se refiere a las emisiones de CO2 derivadas de “actividades energéticas y producción industrial”.
Esto sugiere que el cálculo de la intensidad de carbono ahora incluye las emisiones de los procesos industriales, pero excluye los usos no energéticos de los combustibles fósiles.
¿Recuerdan el enorme programa chino de conversión de carbón en combustibles líquidos sobre el que escribí hace dos meses? Cada año, casi 400 millones de toneladas de carbón se transforman en fertilizantes, productos químicos, plásticos, combustible para aviones y diésel.
Y algunos de estos métodos contables tienen cierta lógica. Los recipientes de plástico tipo Tupperware, por ejemplo, efectivamente retienen ese carbono (al menos por ahora). Pero incluso ese argumento no logra explicar todo el CO2 que parece haber desaparecido de las estadísticas.
Así que China nos trata como ingenuos y nosotros la aplaudimos. ¿Por qué?
Este artículo fue publicado originalmente en JoNova.com.au el 4 de junio de 2026.

Jo Nova
Jo Nova es divulgadora científica, escritora, conferencista y ex presentadora de televisión. Es autora de The Skeptic’s Handbook (El Manual del Escéptico).
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