La amarga lección del estrecho de Ormuz para la Unión Europea
En mayo de 2023, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, declaró que el modelo de crecimiento basado en combustibles fósiles es “simplemente obsoleto”. El bloqueo parcial del estrecho de Ormuz expone claramente la ironía de esa afirmación, señala Samuel Furfari.
La crisis en el estrecho de Ormuz revela una verdad que muchos responsables políticos europeos han ignorado: la humanidad sigue dependiendo estructuralmente del petróleo. Esta realidad, destacada por primera vez durante la escasez de petróleo de 1973 y reforzada por la de 1979 —provocada por Irán—, continúa siendo ignorada, e incluso abiertamente descartada, por ciertas élites políticas.
Medio siglo después, la inseguridad energética persiste con la misma intensidad. Sin embargo, ya en el año 2000, la Comisión Europea subrayaba la necesidad imperiosa de que la Unión Europea garantizara la seguridad del suministro energético. No obstante, esas advertencias no fueron atendidas, ya que se dio prioridad a la reducción de emisiones de CO2 y a la promoción de energías “renovables”.
Desastroso
Como antiguo funcionario de la Dirección General de Energía de la Comisión Europea durante 36 años, he sido testigo de los constantes esfuerzos por promover las llamadas alternativas a los hidrocarburos y de sus resultados desastrosos. Sin embargo, frente a la crisis actual, la UE se niega a reconocer su necesidad crítica de combustibles fósiles.
En mayo de 2023, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, declaró que el modelo de crecimiento basado en combustibles fósiles es “simplemente obsoleto”. El bloqueo parcial del estrecho de Ormuz pone de manifiesto, de forma contundente, la ironía de esa afirmación.
Aun así, la mayoría de los líderes políticos siguen afirmando de manera simplista que la expansión de la energía eólica y solar nos liberará de la dependencia del estrecho.
Esta visión no solo es ingenua, sino también errónea, ya que se basa en una confusión fundamental entre electricidad y energía. Las turbinas eólicas y los paneles solares producen electricidad, pero no generan calor —el motor esencial de los procesos industriales, el transporte y la calefacción—. Actualmente, alrededor del 75% de la energía primaria consumida en la Unión Europea proviene de combustibles fósiles, mientras que a nivel mundial la proporción se sitúa en torno al 87%. Es ilusorio creer que la electricidad “renovable” puede satisfacer las necesidades básicas.
Costes exorbitantes
Además de no poder cubrir la demanda energética total, la energía eólica y solar también imponen costes exorbitantes —y bien documentados— a los consumidores y a las empresas. En lugar de perseguir alternativas inadecuadas, la UE debería reconocer que el petróleo seguirá siendo indispensable durante mucho tiempo y abandonar su ilusorio credo “verde”.
La UE debe producir los hidrocarburos que necesita en lugar de seguir dependiendo de las importaciones. Por ahora, esa producción está limitada por prohibiciones legislativas y decisiones políticas desconectadas de las realidades geopolíticas. En Francia, por ejemplo, la ley Hulot prohíbe la explotación de hidrocarburos, a pesar del importante potencial del país en este ámbito.
El Margen Ecuatorial de América del Sur, que se extiende desde el norte de Brasil hasta Venezuela, es rico en hidrocarburos. Guyana, situada al este de Venezuela, se está consolidando —gracias a empresas estadounidenses— como un auténtico Eldorado petrolero de gran magnitud.
Consciente de este potencial, el presidente brasileño Lula da Silva decidió iniciar la exploración del Margen Ecuatorial en abierta contradicción con el discurso climático de su propio país.
Mientras tanto, la Guayana Francesa, aunque se encuentra en el corazón de esta zona altamente prometedora, sigue paralizada por prohibiciones legislativas. Un ministro francés intentó recientemente reabrir el debate, pero el presidente Emmanuel Macron lo desautorizó.
La intransigencia francesa frente a la realidad contrasta con el pragmatismo asiático, que impulsa el desarrollo energético interno en diversas formas y demuestra gran habilidad geopolítica. China, India y Japón ya han obtenido garantías de los Guardianes de la Revolución iraníes para proteger su navegación en el Golfo Pérsico.
Nueva era
La UE debe reconocer que el mundo ha entrado en una nueva era de geopolítica energética, marcada por la abundancia de combustibles fósiles, la determinación de nuevos actores que buscan posicionarse en este escenario cambiante y, sobre todo, la voluntad de los países emergentes de asegurar su futuro mediante energía abundante y asequible. Esta es la verdadera lección del estrecho de Ormuz.
En este contexto, la llamada transición energética hacia la energía eólica y solar se revela como una ilusión política propia de una Unión Europea sometida a presión en todos los frentes. En el Consejo Europeo de marzo, varios Estados miembros pidieron abandonar el impuesto al carbono —disfrazado bajo la etiqueta del Sistema de Comercio de Emisiones— y lograron una revisión de este mecanismo con la esperanza de poner fin al autosabotaje económico.
La producción interna de petróleo y gas podría, al menos, sustituir en gran medida los hidrocarburos que la UE importa del Golfo Pérsico. Ha llegado el momento de superar la retórica simplista y adoptar un enfoque realista y equilibrado. Si la Unión Europea quiere afrontar los desafíos del siglo XXI, debe hacer un uso juicioso de sus propios hidrocarburos y abandonar su búsqueda infructuosa de la descarbonización.
Este comentario fue publicado por primera vez en Washington Examiner el 30 de marzo de 2026.

Dr. Samuel Furfari
El Dr. Samuel Furfari es profesor de geopolítica energética en Bruselas y Londres, ex alto funcionario de la Dirección General de Energía de la Comisión Europea y miembro de la CO2 Coalition. Es autor del artículo «Energy Addition, Not Transition» y de 18 libros, entre ellos «The Truth About the COPs: 30 years of illusions».
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