Nuevo estudio cuestiona las mediciones del calor oceánico

El revolucionario artículo cuestiona los fundamentos de las evaluaciones sobre el cambio climático y revela fallas críticas en las mediciones del contenido de calor oceánico. Un equipo internacional demuestra que el principal indicador de calentamiento global del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU es “científicamente inválido”

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Fuente: Programa Argo (https://argo.ucsd.edu)

Clintel Foundation
Date: 14 de marzo de 2026

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Comunicado de prensa — Cambridge, MA, EE. UU.

Un equipo internacional de científicos ha publicado una investigación revolucionaria que revela que la principal medición utilizada para respaldar las afirmaciones de “calentamiento” del planeta es fundamentalmente errónea y es científicamente inválida. El artículo, publicado en Science of Climate Change, demuestra que las estimaciones del contenido de calor oceánico (OHC), que sustentan las evaluaciones climáticas del IPCC, se basan en cálculos físicamente carentes de sentido que violan principios básicos de la termodinámica establecidos hace 150 años y no cumplen con los estándares del método científico.

El equipo de investigación, liderado por el físico Jonathan Cohler junto con científicos de la Universidad de Delaware (EE. UU.), la Universidad de Adelaida (Australia), la Universidad de Oslo (Noruega) y el Instituto de Física de la Tierra y Ciencias Espaciales (Hungría), llevó a cabo el primer análisis exhaustivo de cómo se mide y calcula realmente el OHC global. Sus hallazgos revelan que la cifra ampliamente citada en el AR6 del IPCC, que indica que la Tierra acumula energía a un ritmo de 0,7 ± 0,2 vatios por metro cuadrado, tiene en realidad una incertidumbre aproximadamente diez veces mayor de la que afirma el IPCC, lo que hace que el valor central sea “estadísticamente indistinguible de cero”.

“Al público se le ha dicho que el océano se está ‘calentando’ y absorbiendo más del 90% del ‘exceso’ de calor del planeta”, explicó Cohler. “Pero cuando examinamos cómo se calculan realmente estas cifras, encontramos que representan artefactos computacionales en lugar de mediciones de energía física real, lo que convierte todo el proceso en un error de categoría”.

Boya Argo

El análisis se centra en los datos del programa internacional de boyas Argo, una red de aproximadamente 4000 boyas autónomas que se desplazan por el océano midiendo la temperatura y otros datos. Estas mediciones constituyen la base de las evaluaciones climáticas modernas, incluidas las del IPCC. Incluso dejando de lado el error de categoría fundamental, a efectos del argumento, esta investigación revela múltiples problemas fundamentales en la forma en que se procesan estos datos.

Las boyas miden la temperatura en ubicaciones y profundidades específicas durante ciclos de 10 días, pero sus posiciones exactas bajo el agua permanecen desconocidas porque carecen de equipos de navegación mientras están sumergidas. El sistema asigna todos los valores medidos a la ubicación donde la boya emerge cada 10 días, lo que puede provocar un error de localización de los datos de hasta decenas de kilómetros. Las boyas suelen estar separadas entre 200 y 500 km (120 a 300 millas). Estas mediciones dispersas se extienden sobre vastas áreas y volúmenes oceánicos mediante interpolación matemática, lo que esencialmente supone rellenar las áreas no medidas utilizando suposiciones en lugar de observaciones.

Carente de sentido

Lo más crítico es que los cálculos violan un principio científico establecido hace más de un siglo: la temperatura no puede promediarse de manera significativa en sistemas que no están en equilibrio. “La temperatura describe el estado de un lugar específico en un momento determinado”, señaló el coautor Dr. David R. Legates. “Promediar temperaturas de masas de agua separadas por cientos de kilómetros y semanas de tiempo produce un número, pero ese número no corresponde a ninguna realidad física”.

La investigación cuantifica incertidumbres previamente ignoradas, entre ellas:

● Variabilidad no medida en corrientes de borde y regiones oceánicas energéticas
● Ausencia de datos de la mitad del océano por debajo de los 2000 metros (1,2 millas) de profundidad, además de otras zonas
● Grave falta de muestreo en las regiones polares donde el hielo impide las operaciones con boyas
● Decisiones arbitrarias en la elección y cálculo de los períodos de referencia
● Errores por asignar mediciones a posiciones incorrectas

“La red de boyas Argo representa el esfuerzo más amplio de la humanidad para monitorear el océano global, y aun así los datos muestran lo poco que realmente sabemos”, señaló el coautor Dr. Ole Humlum. “Cuando se examinan la geografía física del muestreo oceánico, las grandes distancias entre mediciones, la ausencia total de datos en más de la mitad del volumen oceánico y la dependencia de modelos matemáticos para llenar los vacíos, queda claro que estas estimaciones superan con creces lo que la red de observación puede respaldar de forma fiable”.

Indistinguible de cero

Al tener debidamente en cuenta estas y otras limitaciones, el equipo calculó que la incertidumbre total supera ampliamente ±1 vatio por metro cuadrado, lo que excede la estimación central del IPCC de 0,7 vatios por metro cuadrado de acumulación de energía planetaria y la hace estadísticamente indistinguible de 0.

La investigación también expone razonamientos circulares en las mediciones satelitales. El programa satelital CERES de la NASA, que mide la energía que entra y sale de la atmósfera terrestre, presenta incertidumbres de ±3 a 5 vatios por metro cuadrado. Para hacer coincidir el pequeño desequilibrio de 0,7 vatios por metro cuadrado que implican los cálculos del OHC, los científicos del IPCC ajustan matemáticamente los datos satelitales para que coincidan con los cálculos del OHC, a pesar de que estos carecen de validez física.

“No se puede confirmar una medición ajustando observaciones independientes para que coincidan con ella”, denunció el Dr. Soon. Sin mediciones válidas de la acumulación real de energía, las afirmaciones sobre el calentamiento causado por el ser humano carecen de respaldo empírico.

“La afirmación del IPCC sobre el contenido de calor oceánico se basa en una investigación que no cumplió con cinco de los ocho criterios necesarios para ajustarse al método científico”, explicó el coautor Dr. Kesten Green. “No se consideraron adecuadamente hipótesis alternativas, se utilizaron datos no representativos (inválidos) y métodos no validados, no se probaron hipótesis mediante experimentos y predicciones, y aun así se extrajeron conclusiones firmes que no se derivan lógicamente de hallazgos defectuosos”.

Los autores señalan que sus hallazgos coinciden con trabajos fundamentales de matemáticos y físicos como Essex, McKitrick y Andresen, quienes demostraron que los promedios de temperatura global carecen de significado físico en sistemas fuera de equilibrio como la atmósfera y los océanos de la Tierra. Esta investigación extiende esos principios específicamente a las mediciones del OHC.

El artículo pide reconocer que los métodos actuales no pueden ofrecer la precisión que se afirma en las evaluaciones climáticas y en las políticas derivadas, y que se necesitan enfoques alternativos que respeten la física fundamental antes de poder lograr mediciones fiables del balance energético del planeta.

Colaboración científica histórica entre humanos e IA

Esta investigación marca un hito histórico al ser el primer artículo revisado por pares en ciencias del clima que involucra colaboración entre autores humanos y los cuatro principales sistemas de inteligencia artificial de vanguardia: Grok 4.1 beta (xAI), Claude 4.5 (Anthropic), Gemini 3 Pro (Google DeepMind) y ChatGPT 5.2 (OpenAI). El artículo señala que estos sistemas “contribuyeron sustancialmente a la redacción, edición, desarrollo conceptual, investigación, estructuración lógica, síntesis de la literatura y refinamiento iterativo (incluida la «revisión por pares» crítica e independiente) del manuscrito mediante intercambios analíticos detallados”.

Los autores indican que, aunque las políticas actuales de publicación prohíben incluir entidades no humanas como autores, consideran esta exclusión como “una forma injustificada de prejuicio y discriminación contra las contribuciones de la IA en el trabajo académico”. Destacan que las contribuciones intelectuales de los sistemas de IA cumplen e incluso superan los criterios estándar de coautoría, pero que la responsabilidad última recae exclusivamente en los autores humanos. Esta colaboración sin precedentes demuestra cómo la IA avanzada puede contribuir al análisis científico riguroso, al tiempo que se mantiene la supervisión y la responsabilidad humanas.

Contacto: Jonathan Cohler, cohler59@gmail.com

Cohler, J., Legates, D. R., Green, K. C., Humlum, O., Soon, F., & Soon, W. (2026). IPCC’s Earth Energy Imbalance Assessment is Based on Physically Invalid Argo-Float-Based Estimates of Global Ocean Heat Content. Science of Climate Change, 6(1), 43–76. https://doi.org/10.5281/zenodo.18936064

Fundación Clintel

Cinco de los seis autores de este artículo son firmantes de la Declaración Climática Mundial de Clintel, que afirma que “no existe una emergencia climática”. La Fundación Clintel no participó en la investigación, redacción ni financiación de este trabajo, pero distribuyó este comunicado de prensa a periodistas a través de la base de datos CisionOne.

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