El impactante secreto sucio de la COP30: al menos la mitad de la madera de balsa usada en las palas de aerogeneradores se tala ilegalmente en las selvas amazónicas
En su último artículo, el periodista Chris Morrison revela cómo más de la mitad de la madera de balsa utilizada en las palas de aerogeneradores se tala ilegalmente en las selvas amazónicas, poniendo en duda la credibilidad ecológica de la expansión de la energía verde.
Proteger la selva amazónica es uno de los principales objetivos de la COP30, cuya sede en la ciudad brasileña de Belém fue elegida para destacar el papel crucial que, según se afirma, desempeñan estos bosques en la regulación climática mundial, la biodiversidad y el almacenamiento de “carbono”. Ya es bastante malo que se hayan tenido que talar 100 000 árboles maduros de selva tropical para construir una “autopista de la vergüenza” destinada a acelerar el desplazamiento de los delegados de la COP por la ciudad esta semana y la próxima. Pero un escándalo mucho mayor, que hoy el Daily Sceptic saca a la luz pública, es la tala ilegal de madera de balsa en la selva ecuatoriana para abastecer la creciente demanda de los fabricantes de aerogeneradores, en su mayoría chinos. Tal es la necesidad de esta madera, fuerte pero extraordinariamente ligera, que se estima que al menos el 50 % de la demanda mundial de balsa se cubre actualmente mediante la tala ilegal en selva virgen.
Las cualidades únicas de esta madera la hacen ideal como núcleo de las enormes palas de los aerogeneradores. Ecuador produce más del 90 % de la balsa mundial debido a las condiciones climáticas únicas de esta zona de América. Antes, gran parte de la madera se obtenía de plantaciones, pero el “boom de la balsa” de los últimos cinco años ha agotado esos recursos y las carencias se han compensado con el saqueo de la selva. Y “saqueo” no es una exageración: al parecer se están talando árboles incluso en algunas de las zonas más protegidas de los bosques ecuatorianos.
El año pasado, la Environmental Investigation Agency (EIA) elaboró un demoledor informe en el que constató que muchos productores mezclaban madera de plantación con balsa silvestre obtenida ilegalmente de los bosques amazónicos, incluida la Reserva de la Biosfera Yasuní, hogar de grupos indígenas no contactados. Su principal conclusión se reproduce a continuación:
Según la investigación de la EIA, esta demanda desbocada ha tenido un efecto duradero. Parece que desde el boom de la balsa de 2019–2020, todo el sector de la producción de balsa sigue dependiendo de la tala de bosques naturales, con una mezcla entre plantación y bosque natural que supuestamente varía entre un 10 % y un 70 % según el exportador. Estas prácticas de mezcla en Ecuador tienen repercusiones mundiales.
Curiosamente, este impactante informe, que pone seriamente en entredicho la cadena de producción ética de los aerogeneradores, no obtuvo ninguna mención en los medios de comunicación convencionales. La EIA no es una pequeña organización desconocida: se trata de una ONG considerable, bien financiada, fundada en 1984 en el Reino Unido, con oficinas en Estados Unidos y Europa. La fantasía del Cero Neto exige cubrir el planeta con aerogeneradores, y eso evidentemente prevalece sobre cualquier preocupación ecológica. Se pueden matar millones de murciélagos y aves, varar ballenas en las costas y alterar ecosistemas locales enteros, pero los activistas políticos parecen no preocuparse. Si se dice algo, no pasa de justificar y aceptar las consecuencias ecológicas en aras del bien mayor del Cero Neto. Por ejemplo, en el Reino Unido, la Bat Conservation Trust afirma que el “cambio climático” representa una amenaza importante para las poblaciones de murciélagos. “Necesitamos energías renovables para ayudar a mitigar el cambio climático en beneficio de los murciélagos, las personas y el entorno en general”, añade.
Hasta hace poco, la madera de balsa era un mercado pequeño, con usos en aeromodelismo y tablas de surf. El auge impulsado por la demanda de palas eólicas ha hecho que el mercado actual se estime en un valor anual de al menos 200 millones de dólares. El árbol de la balsa (Ochroma pyramidale) crece rápidamente en condiciones tropicales adecuadas. Si no fuera por la enorme demanda creada por la industria eólica, podría cultivarse en plantaciones como un recurso sostenible. Pero la demanda reciente y continua ha agotado muchas plantaciones y devastado zonas de selva virgen. En su entorno natural, los árboles de balsa suelen ocupar huecos naturales; talarlos crea claros repentinos que alteran las complejas redes de vida que sustentan a miles de especies animales y vegetales. Aunque crece rápidamente en suelos ricos, la regeneración en la selva puede ser mucho más lenta debido a la mala calidad del suelo y a la erosión local provocada por la eliminación del dosel.
A día de hoy, la madera de balsa sigue teniendo numerosas ventajas como material de núcleo para palas eólicas frente a posibles sustitutos de espuma plástica. Posee mayor resistencia y rigidez que los materiales de espuma, lo que permite núcleos más delgados en zonas de alta carga, como la raíz de la pala. Esto ayuda a reducir el peso total sin disminuir la integridad estructural. Los precios de la madera de balsa se consideran generalmente competitivos, no en menor medida, al parecer, porque la producción de madera de plantación se ve masivamente impulsada por la tala ilegal.
Vale la pena leer íntegramente el informe de la EIA. Los medios convencionales podrían incluso considerar informar sobre sus conclusiones. Los investigadores de la EIA recorrieron muchos de los lugares de tala ilegal y denunciaron que la mayoría, si no todos, los exportadores recurrieron rápidamente a los bosques naturales como “sustituto inmediato y conveniente” cuando las plantaciones se agotaron de árboles maduros a principios de la década. Se descubrió que la balsa se extraía del corazón amazónico de Ecuador, “gran parte de ella abarcando algunos de los últimos paisajes forestales intactos del país”. Se trataba, según el informe, de áreas protegidas únicas y de territorios indígenas emblemáticos. Comerciantes habrían informado a la EIA de que la tala de balsa se realizaba “de norte a sur en la mayoría de las provincias amazónicas del país”.
La EIA recomendó que los fabricantes de palas eólicas y los promotores de energía eólica suspendieran el uso de la madera de balsa hasta que las cadenas de suministro ecuatorianas fueran rastreadas y transparentes. La respuesta a eso, como alguna vez cantó el desequilibrado ministro británico de Energía Ed Miliband, está en el viento.
Traducido para Clintel Foundation por Tom van Leeuwen

Chris Morrison
Chris Morrison es experiodista financiero y editor. Es editor de Medioambiente en The Daily Sceptic, donde este artículo fue publicado el 10 de noviembre de 2025. Sígalo en X.
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