Roger Pielke Jr.: “La corrección llegó demasiado tarde”
Ahora que el escenario climático extremo RCP 8.5 finalmente ha sido abandonado, el debate ha cambiado significativamente, afirma Roger Pielke Jr. El investigador estadounidense concedió recientemente una entrevista a la Global Warming Policy Foundation.
La reciente conversación de Roger Pielke Jr. con la Global Warming Policy Foundation comienza abordando lo que él describe como uno de los desarrollos más importantes en la ciencia y la política climática de los últimos años: la “muerte” efectiva del escenario de emisiones conocido como RCP 8.5.
Puedes ver la entrevista completa aquí:
Durante más de una década, este escenario constituyó la base de muchas de las proyecciones climáticas más alarmantes del mundo. Influyó en investigaciones científicas, políticas gubernamentales, regulaciones financieras, planificación de infraestructuras, cobertura mediática y en la percepción pública sobre el cambio climático. Según Pielke, el abandono gradual del RCP 8.5 no representa simplemente un ajuste técnico dentro de la modelización climática, sino una corrección profunda de los supuestos que han dominado el discurso climático durante años.
Supuestos
Pielke comienza explicando el papel central que desempeñan los escenarios socioeconómicos en la ciencia climática. Los modelos climáticos no proyectan temperaturas futuras por sí solos; necesitan supuestos sobre cómo evolucionarán las sociedades humanas a lo largo de décadas. “Los modelos climáticos funcionan, ante todo, a partir de datos provenientes de escenarios socioeconómicos”. Estos escenarios intentan estimar el crecimiento futuro de la población, el desarrollo económico, la innovación tecnológica, los sistemas energéticos y los patrones de consumo de combustibles. Como ninguna de estas variables puede predecirse con certeza, los científicos climáticos recurren a múltiples escenarios que representan distintos futuros posibles.
Las Trayectorias de Concentración Representativas, o RCP por sus siglas en inglés, fueron desarrolladas hace más de veinte años como trayectorias estandarizadas de emisiones para la modelización climática. Se crearon cuatro escenarios principales: RCP 2.6, 4.5, 6.0 y 8.5, donde los números corresponden a distintos niveles de forzamiento radiativo previstos para el año 2100. El RCP 2.6 se alineaba aproximadamente con objetivos ambiciosos de mitigación climática y menores niveles de calentamiento, mientras que el RCP 8.5 representaba el escenario de mayores emisiones, asociado a unos 5 °C de calentamiento hacia finales de siglo.
Sin embargo, con el tiempo, el RCP 8.5 fue mucho más allá de su función original como escenario de prueba extrema. Poco a poco comenzó a tratarse como el futuro “normal” o “business-as-usual”: el mundo que surgiría si los gobiernos no adoptaban políticas climáticas agresivas. Pielke sostiene que esta transformación tuvo enormes consecuencias. “Si ves un titular sobre cómo el cambio climático va a afectar a la sociedad… lo más probable es que esté basado en el RCP 8.5”, señala. Incluso personas que nunca habían escuchado el término técnico estuvieron constantemente expuestas a conclusiones generadas a partir de este escenario extremo.
Nunca fue plausible
Según Pielke, la influencia del RCP 8.5 se extendió mucho más allá de la ciencia climática académica. Los gobiernos lo incorporaron en planes de adaptación, los reguladores financieros lo integraron en pruebas de estrés bancarias y los ingenieros lo utilizaron para diseñar infraestructuras, defensas contra inundaciones, aeropuertos y planificación urbana. El escenario terminó profundamente institucionalizado en gran parte del mundo desarrollado. Sus supuestos moldearon no solo artículos científicos, sino también la retórica política y el miedo público alrededor del cambio climático.
El problema central, afirma Pielke, es que el RCP 8.5 nunca fue una representación plausible de las emisiones futuras más probables. El escenario se basaba en supuestos que se alejaban cada vez más de las tendencias energéticas reales. En particular, asumía una expansión masiva del uso del carbón durante todo el siglo XXI, incluyendo el reemplazo de fuentes energéticas más limpias por combustibles derivados del carbón. En la práctica, describía un mundo que abandonaba tendencias ya existentes hacia el gas natural, la energía nuclear y las energías renovables.
Pielke explica que investigaciones dirigidas por su colega Justin Ritchie demostraron hace años que esos supuestos eran irreales. “Esa teoría es incorrecta”, afirma tajantemente Pielke. El mundo no se dirigía hacia un futuro dominado por el carbón y probablemente nunca lo estuvo. Sin embargo, pese a la creciente evidencia en contra, el RCP 8.5 siguió profundamente integrado en la investigación climática y en la comunicación pública durante casi una década después de las primeras críticas importantes.
Una corrección lenta
Uno de los temas más importantes de la entrevista es la tensión entre la capacidad autocorrectiva de la ciencia y la lentitud del cambio institucional. Pielke enfatiza que la ciencia eventualmente corrige sus errores. “Uno de los aspectos más valiosos de la ciencia es que se corrige a sí misma”, dice. Sin embargo, también sostiene que, en este caso, la corrección llegó demasiado tarde considerando la enorme relevancia política del asunto. Decenas de miles de estudios continuaron utilizando el RCP 8.5 incluso cuando sus supuestos ya estaban claramente desconectados de las tendencias observables.
Pielke cree que la persistencia del RCP 8.5 no fue simplemente un descuido científico inocente. Sugiere que las proyecciones dramáticas del escenario lo hacían políticamente y retóricamente útil. Los peores escenarios producían titulares alarmantes, fortalecían los argumentos a favor de intervenciones políticas rápidas y reforzaban narrativas de emergencia climática. Por ello, el escenario adquirió una enorme inercia institucional, incluso mientras crecían las dudas sobre su plausibilidad.
La política no fue la razón
Gran parte de la conversación aborda el argumento, defendido actualmente por algunos activistas climáticos, de que el mundo evitó el camino del RCP 8.5 gracias al éxito de las políticas climáticas. Según esta interpretación, acuerdos internacionales, subsidios a renovables, impuestos al carbono y otras intervenciones “cambiaron la trayectoria” alejando al mundo de emisiones catastróficas. Pielke rechaza firmemente esa idea. “No hay buenas evidencias de que la razón haya sido la política”, afirma.
En cambio, sostiene que el alejamiento del RCP 8.5 ocurrió porque el escenario original era fundamentalmente defectuoso. La evidencia empírica muestra que las tasas de descarbonización y los cambios en la intensidad energética no se aceleraron repentinamente después de los grandes acuerdos climáticos. Más bien, los supuestos del RCP 8.5 ya eran incompatibles con la evolución real de los sistemas energéticos. En su opinión, la narrativa de que las políticas climáticas agresivas “salvaron al mundo” del RCP 8.5 funciona, en parte, como una explicación para justificar por qué el escenario terminó siendo poco realista.
Pielke también reflexiona sobre las consecuencias políticas de cuestionar los supuestos dominantes dentro de la ciencia climática. Durante años, quienes criticaban el RCP 8.5 y otras proyecciones extremas eran frecuentemente marginados o atacados. El propio Pielke se convirtió en un objetivo visible. Recuerda haber sido investigado por miembros del Congreso de Estados Unidos y denunciado públicamente por cuestionar narrativas climáticas convencionales. Describe además cómo incluso colegas que simpatizaban con él dudaban en defenderlo públicamente por miedo a afectar sus propias carreras.
Un cambio importante
Aun así, Pielke considera que el debate ha cambiado significativamente. El retiro del RCP 8.5 por parte de organismos científicos convencionales representa, según él, una reivindicación tardía de críticas que antes eran consideradas sospechosas desde el punto de vista político. Mirando atrás, comenta que “el trabajo que hicimos mis colegas y yo ha resistido la prueba del tiempo”.
Más allá de la controversia sobre el RCP 8.5, la entrevista aborda otros temas relacionados con la ciencia y la política climática. Pielke analiza la evidencia sobre fenómenos meteorológicos extremos y subraya que el nivel de certeza científica varía mucho según el fenómeno. Las olas de calor y las lluvias intensas muestran tendencias detectables vinculadas a los gases de efecto invernadero, pero para muchos otros eventos —como huracanes, tornados, inundaciones y sequías— la evidencia sigue siendo mucho más incierta. “Para la mayoría de los indicadores de clima extremo no ha habido detección ni atribución”, explica, enfatizando que esa conclusión proviene del propio IPCC y no de posiciones marginales.
Es especialmente crítico con el auge de la “ciencia de atribución”, un campo que intenta cuantificar cuánto contribuyó el cambio climático a desastres concretos. Pielke sostiene que estos estudios suelen difuminar la diferencia entre tendencias climáticas de largo plazo y las complejas causas de fenómenos meteorológicos específicos. En su opinión, con frecuencia generan una falsa sensación de certeza y terminan sirviendo más a agendas mediáticas y legales que a la comprensión científica.
Litigios climáticos
La entrevista también explora los litigios climáticos, especialmente las demandas contra gobiernos y empresas de combustibles fósiles. Pielke argumenta que es poco probable que estas acciones legales modifiquen significativamente el ritmo de la descarbonización, que depende principalmente de la innovación tecnológica y de los sistemas energéticos, más que de decisiones judiciales.
En cuanto a política económica, Pielke comenta investigaciones recientes que cuestionan la fiabilidad de los modelos que relacionan cambios de temperatura global con impactos en el PIB. Afirma que muchas estimaciones de daños económicos se basan en supuestos frágiles y métodos estadísticos incapaces de predecir robustamente el futuro. Aunque acepta que el cambio climático puede tener consecuencias económicas, se muestra escéptico frente a afirmaciones que pretenden establecer funciones precisas de daño global de manera científica.
A pesar de sus críticas al alarmismo climático, Pielke no se opone a la descarbonización en sí misma. Señala que las economías se han ido descarbonizando gradualmente durante décadas como consecuencia natural del progreso tecnológico, las mejoras en eficiencia y la transición hacia fuentes de energía más limpias. Apoya políticas energéticas pragmáticas que equilibren asequibilidad, seguridad, crecimiento y reducción de emisiones. También respalda, en principio, la fijación de precios al carbono, aunque considera más importantes las medidas políticamente realistas que las soluciones teóricamente perfectas.
En la parte final de la conversación, Pielke reflexiona sobre la evolución general del discurso climático durante los últimos veinte años. Reconoce su frustración por la lentitud con la que los sistemas científicos y políticos responden a las críticas y a la evidencia. Sin embargo, también expresa un optimismo cauteloso respecto a que el debate se está volviendo más racional y más basado en datos empíricos. El abandono del RCP 8.5, sugiere, podría representar el comienzo de un enfoque más equilibrado de la ciencia climática: uno menos dominado por escenarios catastróficos y certezas exageradas, y más atento al realismo, la evidencia y la complejidad de las transiciones energéticas.
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