Incluso el movimiento climático admite la necesidad de los combustibles fósiles

Durante años, quienes criticaban la ortodoxia climática advirtieron que un futuro sin combustibles fósiles era una ilusión. Ahora, incluso las principales autoridades energéticas del mundo están reconociendo lo que la física, la economía y la realidad han dejado claro desde hace tiempo.

Climate Intelligence (Clintel) is an independent foundation informing people about climate change and climate policies.

Vijay Jayaraj 
Fecha: 23 de diciembre de 2025

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Durante años, voces sensatas fuera del establishment climático advirtieron que un futuro libre de combustibles fósiles era físicamente imposible. Como fuentes de energía y como materias primas, el petróleo, el gas natural y el carbón constituyen la base de la civilización moderna. Prácticamente ningún producto —ya sea el fertilizante que hace posible alimentar a miles de millones de personas o los plásticos utilizados en dispositivos médicos, teléfonos inteligentes y miles de otros artículos— deja de depender de los hidrocarburos de alguna manera.

Sin embargo, los activistas verdes vendieron la fantasía de un mundo “descarbonizado” como algo inevitable. Supuestamente se avecinaba el peak oil —el punto en el que la producción del que probablemente sea el recurso más útil del planeta comenzaría un declive terminal—.

Funcionando como una religión pagana, el establishment climático castigó la disidencia, silenció el debate e impuso la conformidad. Gobiernos, corporaciones y medios de comunicación repitieron de forma acrítica el mantra del “cero neto”, sin comprender que el objetivo era imposible de alcanzar ni prever el daño que causaría perseguirlo. El público ha soportado sermones constantes, llamamientos apasionados y predicciones aterradoras procedentes de una poderosa camarilla de activistas, plataformas mediáticas subvencionadas y políticos cínicos.

No obstante, la verdad ha emergido desde el organismo mundial de información energética más influyente: la Agencia Internacional de la Energía (AIE). El último informe de perspectivas políticas de la AIE hace añicos el núcleo del pretexto del movimiento ambientalista al reconocer de forma inequívoca que la demanda de petróleo y gas natural seguirá creciendo hasta 2050.

La AIE afirma que la demanda de petróleo no solo se mantiene estable, sino que aumenta, y que se espera que alcance los 113 millones de barriles diarios a mediados de siglo, aproximadamente un 13 % más que en 2024. El mismo informe proyecta que la demanda de gas natural se expandirá de manera significativa, especialmente a través de los mercados de gas natural licuado (GNL), que se prevé crezcan desde 560.000 millones de metros cúbicos en 2024 hasta más de 1 billón de metros cúbicos en 2050.

Tras años de modelización manipuladora destinada a validar ilusiones climáticas, la agencia tuvo que enfrentarse a datos contundentes que muestran un aumento del consumo, el crecimiento de la población, la expansión industrial y las crecientes necesidades energéticas de la inteligencia artificial, la computación en la nube y el transporte electrificado. Estas fuerzas implican que la necesidad de combustibles fósiles persistirá durante décadas.

La nueva previsión de la AIE también reconoce un aumento de la demanda procedente del Sur Global. Países como India, Nigeria e Indonesia están priorizando el acceso a la energía por encima de la pureza ideológica. Están construyendo refinerías, minas de carbón e infraestructuras energéticas para asegurar su futuro. Los líderes con una visión realista saben que sacar a millones de personas de la pobreza heredada durante generaciones tiene prioridad sobre complacer las extravagancias de élites adineradas que dicen perder el sueño por un calentamiento teórico de un par de grados dentro de cien años.

La expansión masiva de los centros de datos para la inteligencia artificial y los esfuerzos de electrificación —antes citados como prueba de una revolución “verde”— están impulsando una mayor demanda de combustibles fósiles. La era digital requiere energía continua, y los hidrocarburos necesarios para proporcionarla.

El certificado de defunción de la ilusión del peak oil ya ha sido expedido.

¿Por qué el establishment energético se equivocó tanto? Porque la física nunca se preocupó por los relatos políticos. Las leyes de la naturaleza y de la economía son inmutables. Sustituir la potencia probada de los hidrocarburos por tecnologías favorecidas políticamente era, en esencia, inviable.

La energía eólica y la solar son profundamente deficientes en todos los frentes: requieren grandes extensiones de terreno, consumen enormes cantidades de recursos y a menudo no están disponibles cuando más se necesitan. La eólica, el hidrógeno y la solar son impracticables. Punto.

Las afirmaciones de que estas tecnologías son económicas se basan en métricas que excluyen los costos descomunales del respaldo energético (generalmente centrales de gas natural) para la intermitencia de la eólica y la solar, de las nuevas líneas de transmisión y de la estabilización de una red eléctrica que se vuelve inestable por las máquinas “verdes”.

Por lo tanto, los combustibles fósiles seguirán siendo la columna vertebral de la generación eléctrica, como indican los datos de la AIE. Incluso bajo supuestos optimistas sobre el crecimiento de la energía nuclear, se prevé que el petróleo y el gas dominen hasta mediados de siglo.

El número de cruzados climáticos dispuestos a negar esta realidad parece disminuir semana tras semana.

Climate Intelligence (Clintel) is an independent foundation informing people about climate change and climate policies.

Este comentario fue publicado por primera vez en el Substack de CO2 Coalition el 17 de diciembre.

(Traducido al español para Clintel Foundation por Tom van Leeuwen.)

Vijay Jayaraj

Vijay Jayaraj es investigador asociado en ciencia y análisis en CO2 Coalition, con sede en Fairfax, Virginia. Posee una maestría en ciencias ambientales por la University of East Anglia y un posgrado en gestión energética por la Robert Gordon University, ambos en el Reino Unido, así como una licenciatura en ingeniería por la Anna University de la India.

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